¿Te has puesto a pensar en dónde quieres estar en unos años más?

¿Has imaginado la idea de cuántas cosas pueden pasar con los años?

¿Has soñado en retroceder un poco el tiempo?

Y es que cada año que pasa es un reto, una vuelta más al sol…  en un tronar de dedos tus hijos empiezan a comer papilla y como arte de magia cambian los dientes, aprenden a montar bicicleta, a meterse solos en la piscina porque ya aprendieron a nadar; entre esas cosas que pasan tan de prisa, te das cuenta que crecieron, que se están enamorando por primera vez, con miradas coquetas, con un silencio inesperado y si, su primer beso. Es así, como tú también recuerdas tu desamor de quince años, aquel tiempo cuando las pijamadas eran lo más importante, cuando tus amigos se convirtieron en tu familia.

¡Tantas cosas que se viven en un solo instante! La memoria es frágil, pero sólo necesita un incentivo para que se activen las cajas de recuerdos mentales llenos de amor, de cariño, de alegría, de felicidad y de vivencias sin igual.

¡Tantas cosas que pasan año tras año! Y es que a veces, con nostalgia recordamos esas risas con los amigos, esas locuras que se hacen sólo a los 17, esos momentos que se viven intensamente en la adolescencia, los sueños por realizar, las profesiones en mente pensando en qué seré de grande, cuando lo grande está en el presente, en los éxitos alcanzados que se conectarán con tu felicidad del futuro.

Y definitivamente, si algo se vive con intensidad, es el esperado y añorado mundial; con esa emoción indescriptible, que sólo sientes cada cuatro años; cuando te quedas sin aliento al mantener un profundo suspiro por un casi gol, tanto como por tu nuevo amor; cuando te abrazas con tus amigos y saltas por el triunfo de tu equipo favorito con tanta algarabía, como después de tu primera cita.

El mundial, es esa celebración que se vive una sola vez cada cuatro años pero la recuerdas después como si fuera hoy, igual a esas mariposas que se posaron en tu estómago cuando lo veías llegar;  como cuando después de una pelea sólo esperabas una palabra de amor en esos segundos interminables que se parecen a los que anteceden a un penal; tal y como cuando el árbitro pita el inicio del tiempo complementario  mientras recuerdas cuando le diste esa última oportunidad, y es inevitable abrazar su mano con todas las fuerzas apostándolo todo.

El amor se vive como el mundial: intensamente, a cada minuto, con cada caída, con cada jugada, con rivales, pero con coraje y valentía, con faltas pero con entrega, con dedicación y con un toque propio que solo lo pones tú…  y él.

El mundial se vive a flor de piel y el amor, un poco más allá.

¡Vive el momento, vive el aquí y el ahora!  Paraliza tus momentos, recordándolos con una hermosa instantánea de por medio.

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